UN BALANCE DIFERENTE

Qué nos depara el nuevo año suele ser la gran incógnita en esta temporada; solemos hacer balances, promesas, nos fijamos metas, trazamos planes, y más aún, después de una experiencia tan compleja como la vivida durante el 2020, muchos desean su pronto final. No obstante, vale la pena hacer una alto en el camino para ponderar con madurez, y porque no, de forma agradecida las vivencias que, sin exageración alguna, pueden terminar siendo una bendición para nuestra vida.

Cuando ciertas cosas nos resultan incomprensibles, o como algunos, las calificamos de injustas, debemos reparar en el sentido profundo de las mismas. Una frase cuyo autor desconozco nos puede dar algunas luces y reza así: “las dificultades preparan a personas comunes para destinos extraordinarios.” El coronavirus y toda su parafernalia mediática con matices trágicos de desmedidas proporciones nos ha dejado importantes y puntuales enseñanzas:

1. Es la familia, como núcleo de la sociedad, el referente fundamental de nuestros afectos, nuestro desarrollo, nuestra realización y nuestro esfuerzo.

2. Debemos aprender a estar preparados para partir de este mundo enajenándonos de los apegos innecesarios que dominan nuestra cotidianidad.

3. Es importante tener claro que el miedo es un sentimiento perverso que solo nos conduce al patético escenario de la angustia innecesaria.

4. Es preciso valorar lo fundamental que siempre está muy por encima de lo accesorio.

5. Es muy importante expresar nuestros afectos y hacerle saber a nuestros seres queridos cuanto les amamos. ¡Y hacerlo hoy!

6. No controlamos nada, no tenemos nada. Lo único que verdaderamente tenemos es lo que podemos hacer por otro ser humano.

Lo anterior no es un optimismo per se, por el contrario, es realismo en sumo grado; porque la realidad no es precisamente las tragedias que nos cuentan los periódicos y la televisión, la realidad verdadera es existencial porque la vida no se acaba con la muerte física. Estos terrenos de reflexión comportan, para muchos, aceptar que somos vulnerables, que la cuestión no es “pensar positivo”, sino acercarnos al bien supremo, a la Verdad con mayúscula, al hacedor de todo lo que existe y que todos los diciembres invocamos para conmemorar su venida a este mundo, a ese ser que cambio la historia de la humanidad haciéndose hombre como nosotros. En pocas palabras esta pandemia bendita, de seguro, nos debe invitar a volcar nuestra mirada a Dios. 

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