«Swing» Una pieza de colección de Álvaro Segura

«Swing» Una pieza de colección de Álvaro Segura

Álvaro Segura

Cuando Álvaro nos mostró su última creación artística, Swing, supimos que teníamos que enseñársela a nuestros lectores. Ahora el artista la pone a disposición, creando a través de una técnica serigráfica, 50 originales enumerados y firmados uno a uno por él.

Swing, el cuadro que publicamos en la página siguiente,  es una pieza que mide 48 X 36 pulgadas (1.20 x 90 cms). Las tintas se aplicaron con una técnica que consiste en transferirlas a través de una malla tensada en un marco. El paso de la tinta se bloquea en las áreas donde no habrá imagen mediante una emulsión o barniz, quedando libre la zona donde pasará la tinta. En el fondo de la parte superior del cuadro, se utilizó una tinta plateada, metálica, lo cual le da a la obra un look excepcional. Grandes artistas han empleado esta técnica: Warhol, Miró, Tápies, Chillida, Gordillo, Saura, Canogar, Guinovart, entre otros. 

Para los amantes del golf: tener esta obra en tu estudio u oficina, o en una pared de tu ambiente, agregará esa atmósfera relajante que se siente cuando jugamos. Sombras, formas y colores combinados en un movimiento de golf perfecto. Definitivamente, Swing, es un hoyo en uno. 

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Pero quién es el artista? ¿Quién es Alvaro Segura? Para contestarles, reproducimos parte de la excelente entrevista que para «el diario” le realizó el periodista Humberto Sánchez Amaya.

El artista ha retomado el pincel y el lienzo. En sus redes sociales ha mostrado los cuadros creados y hay planes de exponer en museos y galerías para cuando el mundo se reactive. También es conocido por su trabajo en efectos visuales en películas de Hollywood.

La cuarentena impulsó el reencuentro. Quienes conocen a Álvaro Segura inmediatamente lo imaginan con una guitarra en la mano, quizá tocando algún solo para Zapato 3. Pero en semanas recientes, en las fotos que ha publicado en su cuenta en Instagram, se le ha visto frente al lienzo.

No es la primera vez. El pincel no es ajeno en su vida. En los años noventa egresó del mítico Instituto de Diseño Neumann, como parte de la última generación de estudiantes del desaparecido centro de estudios, que se nutría de la escuela alemana Bauhaus y a la que pertenecieron figuras como Santiago Pol o Waleska Belisario.

«No es extraordinario que esté pintando. Parte del conocimiento global que recibí era del dibujo analítico, de la teoría del color, la serigrafía. Incluso hice cerámica. Mi tesis de grado fueron dos óleos grandes. Me considero un artista multidisciplinario. Al final, todo se conecta”, cuenta por teléfono desde California, Estados Unidos.

Muchos han visto su obra, pero seguramente no han reparado en el crédito que lo certifica. Álvaro Segura ha trabajado en los efectos visuales de películas como Iron Man 2, Ant-Man, Hotel Transylvania, Trolls o Piratas del Caribe: La venganza de Salazar.

El último proyecto cinematográfico fue Terminator: Destino oscuro. La industria está paralizada temporalmente, aunque hace cuatro semanas terminó un tráiler para el videojuego Magic: The Gathering. Desde entonces no ha salido más nada.

Fue precisamente gracias a su trabajo en el cine, que todo se alineó para que se parara nuevamente frente al lienzo en blanco. “Hace tiempo tuve un arranque y compré pintura acrílica, pero nunca las usé. Entre 2018 y abril de 2019 viví en Londres por mi trabajo en la nueva versión de El rey león. Entonces, guardé todas mis pertenencias en un storage, un espacio grande que alquilé. Cuando regresé, las encontré de nuevo». Las ganas estaban, pero los múltiples compromisos no lo permitían. 

Entonces, la cuarentena por el covid-19 le brindó ese chance, especialmente por no tener que perder tiempo de un lado a otro en el denso tráfico de Los Ángeles.

El reencuentro fue rudo. Estaba, como dicen, oxidado. “No tienes la ligereza, esa maestría de la mano, que se pierde como ocurre con la guitarra cuando no practicas. Pero el ojo no lo he parado de cultivar. Está afilado porque es esencial para los efectos visuales”.

En un repaso por lo más reciente de sus redes, es fácil concluir su interés por la figura de la mujer, no sin dejar a un lado al Eros que también se manifiesta en varias canciones de Zapato 3.

“Ha sido un enigma desde los pintores pre renacentistas hasta los contemporáneos.  Es un campo de estudio infinito. No soy diferente en ese sentido. Me atrae mucho la interpretación del cuerpo humano, y especialmente de la mujer. Para mí el cuerpo femenino es indescifrable. Por eso trato de descifrarlo cuando compongo una canción, con una simulación de un efecto, con el dibujo, con la pintura.»

Ahora, con respecto a la sensualidad en su obra, es cauteloso. “Me da miedo expresar con mis pinturas erotismo de verdad. Cuando eres un artista consagrado, puedes tener la arrogancia de crear erotismo, pero cuando no has logrado una posición en un mercado y una sociedad que te acepta y admira como pintor, es absurda esa arrogancia. Prefiero demostrar un dominio de la técnica, antes de imponer un concepto ético o moral, que implica una cuestión que siempre está en conflicto en la sociedad”

La libertad en lienzo

Se siente más libre en esta faceta, sin responder a toda una gama de jerarquías que precisa una gran producción de Hollywood, en la que él como artista puede pensar que el trabajo está bien hecho, pero de repente, el director cambia todo drásticamente.

No se lamenta por eso:

«En ese proceso también está el éxito. Porque al final es mucho más fácil complacerte a ti mismo que a un director. La mente de otro es un universo que no entiendes y tienes que tratar de hacerlo. Es un trabajo relativamente más arduo. Claro, no hay que olvidar que como artista tienes que exigirte mucho a ti mismo y no conformarte con lo que haces”.

Está claro que lo que comenzó en cuarentena no es un ejercicio de esparcimiento para pasar el tiempo y no enloquecer por el encierro. Él quiere que la gente no solo sepa que pinta, sino ir más allá, como cuando el cantante finalmente se ve realizado en tarima frente a cientos o miles que conocen sus canciones.

«Estoy trabajando para que cuando esto merme, y el mundo se abra, pueda conectarme con las galerías y los museos. He conversado con personas interesadas, con curadores que incluso me han dicho cuál debe ser el precio de un cuadro”.

Sin desvincularse

En la obra que ha pintado, hay referencias obvias a Venezuela. Es difícil cortar el cordón umbilical con un país del que se fue hace 21 años y al que no visita desde 2014. “Ojalá Venezuela pudiera trascender y dirigirse hacia la luz”, dice quien en los años noventa practicó el vaisnavismo, una rama del hinduismo. De esos guiños, también hay añoranzas y homenajes, como el recordatorio a Carlos Rangel, autor del libro Del buen salvaje al buen revolucionario, de quien subió una foto recientemente. “Era un gran vanguardista de las ideas.  Nunca se dejó seducir por las falacias del socialismo venezolano, en una época de admiración hacia Fidel Castro.

Persona optimista

El músico y pintor es optimista con respecto a lo que pasa en el mundo, especialmente en estos momentos de incertidumbre por la pandemia y sus consecuencias en tantos sectores. Cree que todo es un reflejo de los pensamientos, que, si piensas en el apocalipsis, por ejemplo, apocalipsis es lo que encontrarás.

“Como en todo cambio estructural, hay dolor. No es lo mismo evolucionar, que mutar.  Mutar es mucho más traumático. Todo esto tiene que ser para bien. Creo en los futuristas cuando dicen, por ejemplo, que el teléfono es una extensión de nuestro cerebro. ¿Cuándo ibas a imaginar que podrías saber inmediatamente la distancia y el tiempo de un viaje de Londres a Los Ángeles? Conocimiento en tiempo real”.

“Una de las predicciones de los futuristas era que la humanidad iba a tener tiempo libre. Hablo de autores como Raymond Kurzweil, quien ha afirmado que, gracias a la inteligencia artificial, el ser humano tendrá cada vez más tiempo mientras las máquinas solventarán asuntos por nosotros.»

Y a partir de esas ideas, ve el futuro como una convivencia con lo virtual, en el que se vivirán muchas realidades que cambiarán al antojo de cadauno, pero también con un auge de lo artesanal, con el tomate sembrado en el jardín, la harina hecha en casa, el aceite producido por cada quien; un regreso a la granja, ser autosustentable, en medio de las más inimaginables tecnologías.

Le pide a los venezolanos que se cuiden. “Les ha tocado más duro, porque no se trata de la plaga del covid-19, sino de una política maligna y destructiva que genera escasez, el control del cerebro venezolano para generar necesidades básicas. Mi mensaje es para Venezuela. Hay que entender el problema y enfrentarlo, razonar para discutir y no dejarse lavar el cerebro por nada. Mi mensaje es de fuerza y de resistencia psicológica”. 

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