LA POST-PANDEMIA

Es importante comenzar a pensar en la mal llamada “nueva normalidad”; es clave comenzar a desmarcarnos de los apesadumbrados momentos de incertidumbre generados por el muy peculiar virus denominado Covid 19; tan peculiar y raro que rompe todos los esquemas de control. Es tan raro que aquellos que eligen tratarlo en casa se sanan, se recuperan con facilidad y prontitud; pero aquellos que, por pánico, miedo o “precaución” recurren a los servicios hospitalarios, se mueren o terminan en las unidades de Cuidados Críticos, en el mejor de los casos.

La sociedad y la nación, en general, debemos recuperar la alegría, debemos recuperar la productividad, el encuentro cercano, la vitalidad, el afecto y la confianza. Las personas deben volver a recuperar su dignidad mediante el libre ejercicio de la actividad laboral, debemos recuperar los días de sol, los encuentros con los amigos, los niños deben volver a jugar en los parques, porque este curioso virus con seguridad tendrá un rebrote, mutará, se convertirá en el Covid 19X38, se clonará; en fin, algo pasará; pero lo que no puede pasar es que mine la existencia del género humano.

Definitivamente el 2020 será recordado como el año de la pandemia, que gratamente nos enseñó unidad, nos enseñó a valorar el sentido de la vida, nos recordó el infinito tesoro de la familia, y nos permitió aprender a ver la realidad desde nuestra propia fragilidad. Bendita pandemia, bendito virus, que regalo tan grande, porque aquellos que la crearon, y que todavía están muy campantes por ahí, no pensaron en los efectos maravillosos que en el instinto de conservación de la humanidad podría tener un fenómeno de estas características.

No hay razón para la preocupación, este virus aún no se irá, y si se va, inventarán otro, lo crearán con otras características, otros alcances, aunque quizás con las mismas intenciones y nos dirán que ya no es el resultado de un murciélago despistado que convirtieron en sopa; sino un canguro malhumorado que mordió a un turista imprudente, porque cualquier historia es válida para entretener a una opinión pública hipersaturada de información sin el tiempo necesario para decodificar asertivamente tanto contenido que llega a su mente.

El mundo seguirá con todas sus promesas y sus esperanzas, sin cabida para el temor o la tristeza que no debemos confundir obviamente con la prudencia y el cuidado; dos premisas que siempre han de estar presentes en nuestras vidas. 

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