GOLF Arte y Ciencia

Jugar al golf ha sido, es y será siempre una experiencia atlética e intelectual. En lo atlético podemos considerar, como llaman los expertos, todas las variables funcionales básicas que un deportista debe contemplar a la hora de prepararse para la competencia, cualquiera sea su disciplina. Mientras que, en lo intelectual, es preciso identificar el sentido trascendente que hace del golf un deporte lleno de virtudes, retos y paradojas.

Si concebimos el golf como un deporte virtuoso es porque tiene la propiedad de generar efectos muy positivos en quienes lo practican. Y, en esa misma línea, como el arte, tiene también la característica de inspirar de manera estética una acción física. Intentar meter una bolita en un hoyo mediante el golpe con un palo diseñado para tales efectos, pareciera algo entretenido, pero ligeramente rudimentario sino fuera por la escandalosa dificultad y atractivo panorama del acto mismo. Tal descripción, por antonomasia, hacen de la práctica del golf un arte.

Ahora bien, esa escandalosa dificultad de la que hablamos en el párrafo anterior no es más que la quinta esencia que debe superar todo golfista. Algo así como el reto colosal de descubrir desde sí mismo nuevas formas de hacer las cosas mejor aplicando incluso conocimientos técnicos y físicos asociados a la biomecánica, aquella ciencia que estudia el análisis mecánico del movimiento del cuerpo en el contexto de la física de la oscilación. Esto, a todas luces, es un reto científico, es ciencia pura y experiencial.

El jugador de golf navega entre las apasionadas y tormentosas oleadas de osada insensatez que el arte posiciona en la mente de los seres humanos; y las acciones medidas, mesuradas, calculadas y muy dirigidas que la ciencia muy pretenciosamente ha instalado en el deber ser del hombre occidental. Arte y Ciencia, una dicotomía que se hace palpable en la práctica de un deporte como el golf.

La paradoja de toda esta reflexión no es otra que descubrir que cada día son más los adeptos fieles y comprometidos con la práctica de este deporte. Pareciera que el golf fuera una “representación intelectual”, científica de un “deporte extremo” donde todo debe estar muy medido y muy asegurado en tanto que se arriesgan muchas cosas, en algunos casos la vida misma; pero a la vez, es ese mismo riesgo aquel que genera el clima adecuado para la libre expresión, la osadía, la creatividad, la aventura, y para el reto mismo.

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