EVOLUCIÓN DEL PERFIL DEL GOLFISTA

EVOLUCIÓN DEL PERFIL DEL GOLFISTA

Un breve y muy generalista recorrido histórico ayudará a radiografiar el perfil del golfista de un pasado no tan lejano, de un presente ampliado a las últimas décadas y de un futuro visionario a mediano plazo con el objeto de alimentar la reflexión sobre el estado del golf en la actualidad y las posibilidades del mañana. 

En un pasado que ubicaremos entre la posguerra y fines de los años setenta se puede decir que el golf era un deporte de minorías elitistas. Era una actividad para adultos donde la juventud no tenía mayor cabida. Nadie se podía matricular hasta determinada edad y ello con la condición de dominar el juego con algún expertis. La industria de palos era rudimentaria sin muchas variantes. Las maderas para golpear lejos eran de madera y las pelotas no resistían muchos malos golpes.

El golfista, aún el profesional, todavía mantenía un cierto estilo amateur. Y ni que pensar en eventos televisados. El factor tiempo no era un elemento de peso en orden a las actividades de aquella vida y los clubes eran una opción seductora a tiempo completo. No entraban en competencia por el tiempo de aquellos golfistas ni los shoppings, ni los gimnasios, ni el running, ni la tecnología, ni el paddle, ni otras actividades que irrumpieron a finales del siglo XX.

Si tomamos una segunda etapa histórica desde principios de los años ochenta hasta la primera década del siglo XXI podemos distinguir la fuerte aparición de un perfil de golfista asociado al desarrollo de los clubes de campo y al turismo del golf.

Grandes desarrollos inmobiliarios ofrecían al par de una propiedad alejada de los estridentes centros urbanos la posibilidad de jugar a un deporte de categoría en una suerte de geografía extendida de su propio parque. Toda la familia podía jugar al golf en un lugar cercano a su vivienda. La industria del golf aprovechó la mediatización en la televisión, la irrupción de grandes jugadores globales, la creciente sponsorización de los torneos de profesionales y aficionados, etc. para impulsar un desarrollo ingenieril exponencial de todo el equipamiento de un golfista que ya era más exigente. Apareció el mundo de las academias de golf y toda su parafernalia educativa. Además, se instaló la idea de que en los campos de golf se generaban una enorme cantidad de negocios.

El factor tiempo y la todavía falta de competencia con otras atracciones no hacían mella en el perfil del golfista que había incluido fuertemente a los jóvenes y más mujeres como dato diferencial respecto de la etapa anterior. Y el impacto de la tecnología todavía no terminaba de insertarse para un impacto más potente.

Y hoy en esta genérica semblanza histórica estaríamos en una etapa de quiebre entre el golfista que reseñábamos de fines del siglo pasado, que ha llegado hasta ahora y la inteligencia de entender que puede estar naciendo un nuevo perfil de golfista que hay que descubrirlo o construirlo para integrarlo a nuestra actividad si asumimos que estamos en un período de estancamiento.

Salvo contextos muy focalizados como Suecia, Canadá o Corea del Sur donde el golf goza de buena salud, en muchas otras geografías del mundo se necesita un cambio de visión. Los dirigentes, los empresarios y los líderes del mundo del golf debería preguntarse cuál es el perfil del golfista de este presente y de un mediano futuro para poder captar su interés y volver al sendero del crecimiento.

Como el potencial golfista del que hablamos no es hoy un actual cliente de nuestra actividad no sabemos lo que piensa del golf ni de la oferta de nuestros clubes. No sabemos qué le podemos ofrecer como deporte y como organización deportiva, que puede resultarle atractivo porque, está claro, que lo que venimos ofreciendo no alcanza para conmover los sentimientos de una nueva clientela de golfistas. Tampoco parece que tengamos capacidad de seducción con nuestros actuales “clientes”.

Seguimos tratando de convencer a los que hoy son golfistas para que vuelvan más seguido a las canchas. Evidentemente ellos también rechazan en parte nuestras propuestas (por tiempo, por dinero, por otras actividades, etc.) porque han dejado de jugar de la manera que lo hacían. Ni que hablar de los jóvenes que tienen otras atracciones y del golf femenino que en algunos países no crece desde hace muchos años. 

O nos despertamos o el estancamiento seguirá su curso en detrimento de una actividad que tiene muchísimo para ofrecer a la sociedad: deporte, salud, empleabilidad, negocios, ocio, entretenimiento, turismo, impuestos!!, etc..

Las herramientas del design thinking, el brainstorming y las metodologías agiles, propias de los nuevos procesos decisorios, pueden ayudar en el análisis del nuevo perfil del golfista y de los clubes para poder en un plazo acotado lograr una revolución transformadora que convoque a miles de nuevos golfistas.

Si el factor tiempo es un problema pues hagamos golf de seis, de nueve o de doce hoyos. Si es caro comprar el equipamiento pues que se pueda jugar con siete palos y una bolsa liviana y de fácil transporte. Si los clubes no seducen con las actividades que prestan pues cambiemos de una vez y ofrezcamos actividades que tienten a todas las edades. No olvidemos que el golf es uno de los pocos deportes que pueden jugar abuelos, padres, hijos y nietos. Segmentemos atracciones para jóvenes, para mujeres y para hombres. Transformemos los clubes a otras actividades complementarias sin prejuicios y con inteligencia.

Y en esa lógica nos preguntamos por qué en los clubes no se pueden montar centros de co working y sectores para e learning. Por qué no podemos hacer gimnasia, running o caminatas en las canchas si en la semana están mayormente ociosas, tener ámbitos para juegos en línea y deportes electrónicos, funcionar centros de belleza y peluquerías, explotarse los fines de semana con stand comerciales, organizar también torneos indoors que a través de la tecnología nos permiten jugar en cualquier cancha del mundo. La lista de los por qué pueden ser interminable y adaptable a cada una de las realidades.

La capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias que tenga el golf y nuestros clubes nos permitirán volver al sendero del crecimiento de un deporte que en su conjunto tiene un enorme potencial para el desarrollo social.

Y aquellos que siguen amando el golf tradicional no dejen de amarlo porque es maravilloso.

 

Share

Facebook
Twitter
Pinterest
LinkedIn

Stay in touch

Subscribe To Our newsletter