Entre la profundidad y la superficialidad EL GOLF UN PÉNDULO ETERNO

Entre la profundidad y la superficialidad EL GOLF UN PÉNDULO ETERNO

Aristóteles, discípulo de Platón fue uno de los más destacados e importantes filósofos de la antigua Grecia y pertenece al grupo de los llamados Socráticos; es decir, continuador de las ideas de Sócrates. Su pensamiento ha permanecido en el imaginario colectivo de occidente y sus más de doscientos tratados que comportan filosofía, matemáticas, política, retórica e incluso biología, nos han nutrido de conceptos como el principio de no contradicción, las nociones de categoría, sustancia, inteligencia acercándose también y muy sabiamente a conceptos como profundidad y superficialidad, para lo cual a la primera la denomina la “esencia” y a la segunda la “forma”.

Ahora bien, para efectos de estas líneas, es preciso destacar las lecturas externas que de un deporte como el golf comúnmente se realizan; lecturas que, por demás, resultan desligadas de la realidad por el amplio desconocimiento que de esta disciplina se posee. Se dice que el golf es un deporte frívolo, etiquetado aunque muy glamuroso, ampliamente aburrido, y así una lista interminable de adjetivos no muy amigables. Pero no se falta tanto a la verdad como cuando hablamos en ignorancia, porque cuando sobre un tema algo conocemos, contamos, por lo menos, con algunos visos de certeza que tampoco son prenda de garantía para hacer un análisis decente y en sus justas proporciones.

Para responder a esas diversas inquietudes vale la pena destacar que el golf es un deporte que, aristotélicamente hablando, posee los atributos propios de la complementariedad; esto es, un deporte de fascinación que se expresa pendularmente entre lo superfluo y lo profundo; es decir, entre la forma y la esencia. En el golf, las formas son también su esencia, porque ellas tienen consigo la expresión litúrgica de ese elegante ritual casi existencialista de planificar un golpe o calcular una distancia sin el mayor asomo de expresividad compulsiva. El golfista guarda esas formas porque son la expresión profunda de la moderación, del control de sí mismo, incluso, del exacerbado optimismo nunca expuesto.

El golf es como es, como todas las cosas de la vida que tienen consigo un sentido y un orden. Recordemos que tomarnos un Scotch en pocillo no pertenece precisamente a la genuina propuesta escocesa ni se disfruta igual. La esencia del golf no es ubicar una bolita en un hoyo, sino calcular y dimensionar la hondura de la perspectiva en medio del reto y error.

Jugar al golf es poner en reposo al alma para activar la mente, aspirando que ella extienda un brillante control sobre el cuerpo, obligándole a evidenciar su destreza, siempre con elegancia, precisión y prudencia. Por ello mismo es una disciplina aparentemente, superficial, pero intrínsecamente profunda.

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