EL PODER DEL GOLF

Todas las actividades humanas tienen un valor en sí mismas; igualmente, también tienen un valor comparativo en tanto representan o aportan algo a la construcción social, cultural y/o económica de un entorno específico. El golf, no solo no es la excepción, sino que, por el contrario, es el gran ejemplo. Esto quiere decir que el golf es espléndido por sí mismo, pero su valor comparativo le ha representado, con el pasar del tiempo, un posicionamiento social, cultural y económico insospechado; cosa que los entendidos en sociología y economía le llaman “poder”.

Aunque el golf no siempre gozó del prestigio que hoy disfruta, ya que hacia el siglo XV se consideraba que su práctica interfería con el entrenamiento militar, razón por la cual fue prohibido en Escocia en los años 1457, 1471 y 1491; este apasionante deporte ha logrado permear con solvencia todas las estructuras sociales a tal punto que, así como el atletismo es el deporte rey de las justas olímpicas, al golf se le considera el deporte rey de los negocios y la política.

De ser el catalizador de los mejores atributos del hombre convencional, el golf ha pasado a ser el potenciador por excelencia de los espacios políticos y económicos en las sociedades contemporáneas. En lo económico ha generado importantes vertientes que van desde el impulso del turismo, la recreación, el consumo práctico, básico y suntuario; hasta la revalorización inmobiliaria, fenómeno que maximiza los modelos de negocio en las áreas de finca raíz y adquisición de tierras. “La combinación de una residencia con arquitectura y ubicación impactante, un campo de golf de primer nivel hecho por los diseñadores de mayor renombre en el mundo y un entorno netamente turístico de alto nivel, crea un cierto estilo de vida inigualable.” A este escenario, la industria inmobiliaria mexicana ha querido llamarle la “Ola de la Plusvalía Verde”.

De otra parte, en lo político ya tiene otro matiz y es la apertura sincrónica que el golf le da a las diferentes formas de conexión y comunicación, permitiéndole a los actores interactuar en el marco de sus mismas preferencias y con ciertos niveles de conducción y ascendencia controlables, siempre en un ambiente armónico, afable y reservado.

Parece ser que el golf es el instrumentador ideal de los procesos de sociabilización tanto en los negocios como en la política. Eso le da un atributo muy superior frente a los demás deportes porque le eleva también al calificativo de actividad social complementaria, adjetivo no aplicable a ningún otro deporte. En otras palabras, le da el poder de inferir dentro y fuera de su entorno; inferencia que cada día capitaliza más adeptos siempre cualificados.

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